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Muelle Mailhos

Muelle Mailhos

Si visitás Punta del Este es casi obligación tomarse un tiempito para caminar y disfrutar de un clásico de los atardeceres puntaesteños: el Muelle Mailhos. Una pasarela de madera sobre la Playa Mansa, con bancos y miradores para disfrutar el paisaje costero.

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Para un mayor disfrute del paisaje, se recomienda comenzar la caminata en la playa aledaña para luego culminar en el viejo y pintoresco Muelle Mailhos, direccionado justo a la Isla Gorriti, desde donde se la puede contemplar. Un poco antes de llegar al puente, una agradable glorieta invita a sentarse un rato y contemplar una de las postales típicas de Punta del Este. Junto al muelle, hay una playa rocosa a la que se accede fácilmente desde el puerto.

A lo largo del día, este lugar es escenario para la practica del deporte, tanto footing como bicicleta. Por su belleza y tradición es visitado durante todo el año por turistas que caminan o disfrutan de las terrazas presentes a lo largo de todo su trayecto.

Además el muelle dispone de luminaria para poder disfrutarlo luego del atardecer, donde puede ser una buena opción romántica para vivir en pareja.

Rodeado por orillas rocosas, el muelle se encuentra a un paso del puerto con un cómodo acceso desde la rambla, enmarcada por un encantador entorno natural y terrazas de madera que balconean al mar.

Un poco de historia...

Su historia es un poco curiosa. Años atrás la rambla no era igual a como se conoce hoy en día ni existían las terrazas de madera. Frente a la casa de la familia Mailhos estaba la playa con aguas tranquilas donde a metros de la orilla se formaba un banco de arena.

La familia Mailhos, sus invitados y quienes visitaban anualmente la playa solían disfrutar de bañarse en esa playa y además acostumbraban a ir al banco de arena al cual solo podían acceder calzados para evitar lastimarse con su suelo rocoso. Una vez arribados, colgaban sus zapatos en una vara que clavaban en la arena del banco.

Ante esta situación muy cotidiana, un integrante de la Mailhos se propuso construir el muelle para evitar el peligroso acceso por la parte rocosa y fue así que luego de su construcción cada verano colocaba una escalera de la redecoraba todos los años.

El muelle sufrió las consecuencias del paso del tiempo y el banco de arena cambió su curso obligado por la nueva escollera que empujó las corrientes en otras direcciones.

Hoy el muelle sigue en pie, con mucha historia y basta tradición puntaesteña, que espera lo visiten.

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